Introducción

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La historia de la pintura es la historia de la visión. Que vamos descubriendo del mundo tanto al creador como al espectador. La pintura va dando forma a nuevas interacciones entre las tres partes: quien ve, quien plasma y quien ve lo plasmado.

La pintura evoluciona junto con el creador, y junto con el espectador. Ambos transmiten a la materia una energía compartida que le da forma. Y validez en tiempo y espacio. El autor tiene un gran deseo de ver y ese deseo de compartir lo que ve, su visión, se convierte en su fuerza creativa que le inspira a dedicar su mente, cuerpo y alma a la realización de la interpretación de lo que percibe.

El espectador desea conocer más formas de ver, desea contactarse con su alma, tan completa que incluye todo, aún a la visión del creador. El placer del observador es encontrar- se así mismo comunicándose, y el placer del creador es encontrarse a si? mismo comunicándose. Ambos crean el instante de la interacción de sus mundos , ambos son co-creadores de la obra. Uno la plasma y otro la acepta como real, le da existencia tanto como el autor.

La pintura nunca queda terminada, sigue su evolución en el pasar de los años, de los espectadores, de las percepciones, de las reacciones ante el viento y la luz, de las interacciones con el espacio y con el ánimo, con los colores del entorno, con sus creencias... la pintura anda por el tiempo como un viejo errante, modificándose en su quehacer de vivir; nacida del alma, ya sea en la materia o en la memoria, en la esencia o en la trascendencia...